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Trilogìa de las catedrales gòticas italianas/Trilogy Italian Gothic cathedrals.

Trilogìa de catedrales gòticas italianas.

Empieza en Siena (s. XIII) la primera catedral gòtica de Italia, conocida còmo La puerta del Cielo, de planta transiciòn del romànico al gòtico pero toda la estructura, decoraciòn y fachada totalmente gòticas, la primera y la màs exuberante.
La de Orvieto (s. XIV), que sigue el mismo patròn de Siena pero ya es puramente gòtica y toda la fachada se reviste de mosaicos, còmo en los gabletes de Siena, menos los elementos estructurales, es la màs pobre de las 3, no tiene ni cùpula ni campanile y la bòbeda de crucerìa se sustituye por una estructura de madera.La fachada de la catedral de Florencia, Santa Maria Del Fiore, (no es del s. XV, còmo el resto de la catedral, es una construcciòn neogòtica del XIX, la catedral es la ùltima gòtica, primer renacimiento, pero la fachada no se llegò a construir) inspirada tambièn en la de Siena pero sin los 3 gabletes superiores y pinàculos, que en realidad los construyeron y luego derribaron, la estructura ya es renacentista, es la quinta catedral màs grande del mundo, con la fachada moderna hecha de los 3 màrmoles, blanco (de Carrara) verde (de Prato) y rojo (de Siena) ya utilizado el juego de colores de los 3 màrmoles en la de Siena, està inspirada en el campanile de Giotto, que no es Giotto, del s. XIV.Los 3 estados por los que pasò el gòtico italiano, mucho màs delicado que el francès, ya que adoptò elementos del estilo bizantino. Son menores de altura, sin pràcticamente contrafuertes y con pocas ventanas para evitar el calor de las tierras italianas, de ahì la abundancia de los frescos. No suelen tener torres, un campanario o campanile exento, para evitar las vibraciones y el batipsterio, tambièn exento ya que los no bautizados no podìan entrar en los recintos sagrados.

La basìlica de San Marcos de Venecia, s. XI con nàrtex (parte inferior de la fachada) del s. XIII, que no tiene nada que ver con las 3 anteriores, a lo sumo el precedente, pero es otra bestialidad, no sigue el patròn de la catedral de Siena, es anterior, romànica, con gabletes en el nivel superior que en siglo XV los adaptaron al estilo gòtico, con los mejores mosaicos del mundo que inspiraron a los de Siena. Es pràcticamente bizantina, de hecho gran parte se construyò con el botìn del saqueo de Constantinopla, la planta es de cruz griega, la fachada alterna tanto los mosaicos còmo todos los màrmoles del mundo conocido y tiene 5 puertas.

Trilogy of Italian Gothic cathedrals.
It starts in Siena (13th century) the first Gothic cathedral in Italy, known as The Heaven’s Gate, with a transition from the Romanesque to the Gothic, but the entire structure, decoration and facade completely Gothic, the first and the most exuberant.
The one in Orvieto (14th century), which follows the same pattern as Siena but is already purely Gothic and the whole façade is covered with mosaics, as in the gables of Siena, less the structural elements, it is the poorest of the 3, it has neither a dome nor a campanile and the crossing vault is replaced by a wooden structure.
The facade of the cathedral of Florence, Santa Maria Del Fiore, (it is not from the 15th century, like the rest of the cathedral, it is a neo-Gothic construction from the 19th century, the cathedral is the last Gothic, first renaissance, but the façade is not came to build) inspired also by Siena but without the 3 upper gables and pinnacles, which actually built and then demolished, the structure is already Renaissance, is the fifth largest cathedral in the world, with the modern facade made of 3 marbles, white (of Carrara) green (of Prato) and red (of Siena) already used the game of colors of the 3 màrmoles in the one of Siena, is inspired by the campanile of Giotto, that is not Giotto, of s. XIV.
The 3 states through which the Italian Gothic passed, much more delicate than the French, as it adopted elements of the Byzantine style. They are smaller in height, without practically buttresses and with few windows to avoid the heat of the Italian lands, hence the abundance of the frescoes. They do not usually have towers, a steeple or campanile exempt, to avoid vibrations and the bathipstery, also exempt since the non-baptized could not enter the sacred precincts.
The basilica of San Marcos in Venice, s. XI with nàrtex (lower part of the facade) of the s. XIII, which has nothing to do with the previous 3, at most the precedent, but is another bestiality, does not follow the pattern of the Cathedral of Siena, is earlier, Romanesque, with gables in the upper level than in the fifteenth century They adapted to the Gothic style, with the best mosaics in the world that inspired those of Siena. It is practically Byzantine, in fact a large part was built with the looting of Constantinople, the floor is of Greek cross, the facade alternates both the mosaics as all the marbles of the known world and has 5 doors.

El gótico penetró en Italia desde la Borgoña francesa por la expansión de la orden mendicante del Císter, una de sus primeras obras fue la cartuja de Parma, del s. XII, donde a Stendhal, gran amante de la cultura italiana, le dio el síndrome. Rápidamente llegó a la Toscana: Pisa, Florencia y Siena principalmente. A diferencia del gótico francés, las catedrales italianas tenían una fuerte influencia bizantina y siguiendo la tradición constructora del románico, no adoptaron muchas de las invenciones francesas del momento, que rivalizaban en altura, en Italia no son elevadas, prefiere el muro a los vanos o vidrieras, por cuestiones prácticas, el caluroso clima italiano haría imposible soportar una iglesia o catedral con muchas ventanas ya que se haría un efecto invernadero dentro de ellas, esto propició el desarrollo de la pintura mural o frescos. Tienen un campanario o campanile, exento del propio edificio de la catedral para evitar daños por vibraciones, así cómo un baptisterio también exento ya que las personas no bautizadas no podían entrar en los recintos sagrados.

Venecia. Basílica de San Marcos. Tinta, acuarela y acrílico sobre papel, 42 x 30 cm. 2018.                                                                                                                                                                      El origen se podría situar en la basílica de San Marcos de Venecia, aunque es románica con añadidos posteriores. La primera basílica se construyó en madera en el s. IX para albergar las reliquias de San Marcos Evangelista, robadas por los cruzados en Alejandría. En el 975 fue quemada y reconstruida en estilo totalmente bizantino a partir del siglo XI en adelante, románica, de planta de cruz griega y forrada de mosaicos con gran influencia de Santa Sofía de Estambul, de hecho la basílica fue construida por arquitectos de Constantinopla, que tras el saqueo a la ciudad en la Cuarta Cruzada, hoy Estambul, proporcionó muchísimos materiales para su construcción, por ejemplo los caballos de bronce que adornan la parte superior de la fachada, griegos del s. IV o III a. C. robadas del hipódromo de la ciudad, estas esculturas fueron posteriormente robadas por Napoleón en sus guerras italianas y llevadas a París, posteriormente devueltas tras la derrota, las originales se conservan el interior de la basílica, las que se ven actualmente son copias de 1980. A esa especie de terraza sobre el nártex invitaban los venecianos a los personajes ilustres que visitaban la ciudad, mostrándoles la majestuosidad de la Piazza de San Marco y la Piazzeta, en la parte derecha. Este nártex, una especie de portal, se construyó en el s. XIII, con columnas de capiteles bizantinos. Por ley, todos los comerciantes de Venecia tenían que pagar tributo y ese era destinado a embellecer y enriquecer el edificio. Los mosaicos superiores son del s. XIII también y representan escenas del antiguo testamento, son muy ricos en oro, lo que le da una luz muy cálida. Es sucesivas ampliaciones se añadieron, en el s. XV, gabletes y pináculos, estilo gótico florido veneciano por influencia del gótico internacional. La basílica está construida en ladrillo y cubierta por mármoles de todo el mundo conocido, muchos de ellos donados por los cruzados o de saqueos. Es el mejor ejemplo del arte bizantino en Italia, que tendría gran influencia en gótico posterior. Era la capilla personal del Dogo, está unida al Palazzo Ducale.

Duomo di Siena. Tinta, acuarela y acrìlico sobre papel, 42 x 30 cm. 2018.                                                                                                                                                                                                          La primera catedral gótica de Italia es la de Siena, empezada en estilo románico, rápidamente adoptó el estilo gótico. Su construcción comenzó en el s. XIII. Su exterior e interior fue cubierto con franjas horizontales blancas y verdosas de mármol, que tuvo gran influencia en las catedrales provenzales posteriores, por ejemplo Orvieto o Florencia. La fachada adopta soluciones geométricas, triángulos, círculos y cuadrados, de influencia clásica, a diferencia de la catedrales de la Italia Meridional o del sur, que eran más “románticas”. Esta fachada tiene un gran parecido en su diseño a la iglesia de Notre-Dame-la-grande de Poitiers, obra maestra del románico. Es de una exuberancia nunca hasta entonces conocida, esculturas, mosaicos inspirados en los de San Marcos, complicados pináculos, además de utilizar un juego de tres colores de mármol: Blanco, de Carrara, verde, de Prato y rojo, de Siena, el mármol blanco destella con el sol. En el interior hasta los suelos son dibujos en mármol, también tiene influencia bizantina, da la impresión de estar en una mezquita. Es de planta de cruz latina, la quisieron agrandar 3 veces más, se ven impresionantes restos de los muros de la que hubiera sido la nave principal, pero la peste del s. XIII imposibilitó su realización. Dentro se esconde una auténtica joya del renacimiento, la biblioteca Piccolomini, ordenada construir por el papa Pío III, para albergar los libros de su tío, el papa Pío II, que fue cardenal de la catedral, asombran los frescos contando la vida de Pío II, Santa Catalina de Siena, y otras escenas, entre ellas batallas venecianas sobre los cruzados pintadas por Pinturicchio y finalizadas por un joven florentino llamado Rafael Sancio. Dispone de una torre, en este caso no es exenta, y una cúpula irregular, cuya linterna fue construida por Bernini.

Duomo di Orvieto, Umbria, Italia. Tinta, acuarela y acrìlico sobre papel, 42 x 30 cm. 2018.                                                                                                                                                                      La catedral de Orvieto es la más pura del gótico, del s. XIV, contruida por orden del Papa Urbano IV, para conmemorar el milagro de Bolsena: un sacerdote checo, Pedro de Praga, dudaba de la transmutación de Cristo, la conversión del vino en sangre y la ostia en carne, pero realizando un oficio en la pequeña ciudad de Bolsena empezó a brotar sangre de ostia. Fue el origen del Corpus Christi, mandaron a Santo Tomás de Aquino redactar los oficios y misas para ese día. Se conserva en la catedral el corporal manchado de sangre, un trapo que se utiliza en la liturgia de la comunión, y en Bolsena tienen las baldosas del suelo donde también se derramó la sangre. Todos los años hay una peregrinación de dos días de Bolsena a Orvieto para rememorar este milagro ocurrido en 1264. Pero la auténtica joya de la catedral es la capilla del Brizio, con murales de Luca Signorelli, coetánea a la catedral, que inspiró a Miguel Ángel y Rafael para sus frescos en el Vaticano, cómo la capilla Sixtina, en la que Signorelli también participó. Fue una auténtica novedad en el arte italiano. Su fachada es muy parecida a la de Siena, pero quitando los elementos estructurales, está completamente recubierta de mosaicos, que fueron durante siglos retocándolos con más o menos acierto. En la parte inferior, unas lápidas enormes de mármol cuentan la historia de la Salvación, imitando bajorrelieves romanos. Su rosetón es de los más espectaculares de toda Italia, las paredes, tanto interiores cómo exteriores, tienen las mismas franjas de Siena, en blanco y negro. No tiene torre.

Catedral de Florencia, fachada y campanile de Giotto. 2018. Tinta, acuarela y acrìlico sobre papel, 42 x 30 cm. 2018.                                                                                                                                                                                                         La catedral de Florencia, la última catedral gótica, principio del renacimiento (s. XIII-XIV) fue levantada sobre una iglesia que se había derrumbado, Santa Maria Reparata, el proyecto, financiado por los Médicis, pretendía superar en todo a las de Siena y Pisa, sus rivales toscanos. La diseñó Arnolfo di Cambio (que también realizó el Palazzo Vecchio y la santa Croce) con planta de cruz basilical y una gran cúpula, de Brunelleschi, tras ganar el concurso a Ghiberti, el origen del renacimiento. Está inspirada su técnica en la cúpula del Panteón de Roma, con doble casco, pero en este caso la cúpula era octogonal y no esférica. Todo gracias al tambor que la sustenta, ya que los nervios de la cúpula se apoyaban directamente en él y pudo conseguirse esa altura y diámetro. Fue la primera cúpula, después del Panteón, en no tener estructura de madera, Brunelleschi diseñó múltiples máquinas para su construcción, otra de sus grandes aportaciones a la arquitectura e ingeniería. En cierto momento el proyecto de Brunelleschi fue dado a Ghiberti, quien tuvo que admitir que no podía realizar el proyecto e incluso se burlaba de los planos, diciendo que aquello no podía mantener en pie. Fue finalizada en 1418, con la linterna superior, y una gran bola de bronce dorado. Para elevarla, Da Vinci construyó una grúa. La decoración del tambor no fue terminada por desaprobación de Miguel Ángel, la consideraba excesiva. Los muros están cubiertos por una espectacular decoración de los 3 mármoles, el blanco, verde y rojo, con pocas ventanas pero de gran belleza y delicadeza. La fachada fue demolida en 1558 por orden de Francisco I de Médicis al no estar “de moda” con los gustos renacentistas y tras varios problemas de corrupción y múltiples proyectos, se quedó sin finalizar hasta en siglo XIX, que ganó el concurso Emilio de Fabris (construida entre los años 1876-1887) imitando el juego de mármoles del resto de la catedral y el campanile de Giotto, que en realidad no es de Giotto sino de otros dos arquitectos, y el baptisterio, creando un espacio espectacular de gran uniformidad. Iba a tener gabletes triangulares con mosaicos y pináculos, al estilo de Siena y Venecia, góticos, pero finalmente fueron demolidos. La catedral está consagrada a la Virgen, en la fachada aparece en el centro en mármol blanco entronizada, con el niño Jesús. Está llena de esculturas y bustos que representan a artistas florentinos. En su momento fue la iglesia más grande del mundo, actualmente solo superada por San Pedro del Vaticano, Saint Paul de Londres, Sevilla y Milán. Por dentro es muy austera y oscura, quizá por la influencia de Savonarola, que estaba en aquel momento en auge en Florencia, el primer hombre, un dominico, que se enfrentó al poder papal y fue finalmente quemado en la hoguera. También hay referencias a Savonarola en los frescos de la capilla del Brizio de la catedral de Orvieto y en la biblioteca Piccolomini de la de Siena.

Con la construcción de la cúpula de Santa Maria del Fiore de Florencia se termina el gótico, que empezó en Siena,  y comienza el renacimiento.

Catedral de Florencia, Santa Maria del Fiore. Tinta, acuarela y acrílico sobre papel, 42 x 60 cm. (Díptico) 2018

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    Exposición en Espacio Local, Gijón. 2017.

    Exposición en Espacio Local, Gijón, Asturias, del 6 de octubre al 1 de noviembre de 2017.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    Exposición en Espacio Local, texto de Paco Nadie. Y texto de Laura Fäjander: «Hay una verdad incontestable en los objetos cotidianos, en los edificios en apariencia inertes, que Adolfo narra con trazos sorprendentes, casi vocálicos.
    Este lenguaje plástico convierte la dimensión urbana de las emociones en sujeto-objeto, haciéndonos partícipes de un relato de identidades donde los afectos, las armonías y los desastres están perfectamente imbricados a líneas arquitectónicas que bailan y se retuercen.
    Adolfo limpia los espacios de tránsito liberándolos y ofrece así su particular lectura, distinta, lúcida, inquietante en términos de musculatura cromática.

    De entre todas las texturas,
    de entre todas las palabras,
    qué voz salvará los escombros para el arte?»
    Laura Fjäder. Gijón, septiembre 2017

    Entrevista con Pablo Bendía Sanjurjo. 2016.

    Cartón inacabado de la Plaza de San Martín de Madrid. Técnica mixta sobre cartón, 1999.

    Cartón inacabado de la Plaza de San Martín de Madrid. Técnica mixta sobre cartón, 1999.  

    ANEXO 1. ENTREVISTA A ADOLFO P. SUÁREZ

    Adolfo P. Suárez (Xixón, 1976), pintor e ilustrador asturiano, ha aceptado mi propuesta de una entrevista. Me acerco con un amigo a Gijón para verlo y queda con nosotros en el Toma 3. Cuando entramos al bar, a él le cuesta reconocernos y nos recibe cansado y nervioso. Nos dice que nunca le han hecho una entrevista para un trabajo académico. A pesar de la tensión, es muy amable y accede a responder a lo que le pregunte. Va a por un par de cañas. A la vuelta, le introduzco: estoy haciendo mi trabajo de fin de máster sobre Nacho Vegas. Con su respuesta doy por comenzada la entrevista (agárrense, que vienen curvas):

    ADOLFO P. SUÁREZ: Yo no tengo nada que ver ni con Nacho ni con la música indie. Cuando tenía como veinte años, en Gijón había una escena electrónica cojonuda. En las discotecas a las que íbamos nos metíamos de todo: pastillas, coca, éxtasis… de todo. Y estábamos en el Rocamar, en la Fábrica, y no tocando la guitarra, ahí, en la plaza, que nos reíamos de los perroflautas esos. Bueno, la palabra «perroflauta» no existía aún, los llamábamos los «guays». Salían en la prensa y todo, nos entraba una risa… todos colocados… «¡Ja, ja, ja! ¡Mirad qué ponen, a los gilipollas estos de la plaza!» [Risas]. Sí, en realidad estábamos enfrentados. A ver qué se creían entonces los Manta Ray y estos. Y yo con Nacho me llevo de puta madre, ¿eh? Pero vamos, que no salimos del mismo sitio. YO: Quizás precisamente eso sea lo interesante. No sé, puede que haya algo común entre esto que me cuentas, Nacho y la historia de la reconversión. Tengo mis teorías… APS: Pues yo la reconversión te la cuento enterita, desde que nací. Mis padres son de extrema derecha, fachas, y me vinieron a parir a Gijón, cuando llevaban viviendo en La Felguera diez años. Nací en Gijón para que mi carnet de identidad pusiese «Gijón». Pero, ¡joder!, yo soy de La Felguera, hasta los veinte no vine a vivir aquí. Entonces, yo todo lo de la reconversión lo viví de primera mano: yo viví todas las huelgas, en el colegio, todo colapsado, barricadas, un profesor llevándonos con diez años en fila porque estaban tirando cócteles molotov, porque no podían llevarnos a casa en autobús… te estoy hablando de cuando iba a los Dominicos de Sama [Sama de Langreo]. Eso duró meses… Yo vivía enfrente del pozo Frontón, donde había unas casas… bueno, hay, pero están abandonados. Mi padre era ingeniero de minas, y
    vivíamos ahí porque era gratis, éramos cinco hermanos y no nos podíamos permitir pagar un piso para tanta gente. La casa la regalaba HUNOSA [Hulleras del Norte, S.A., empresa encargada, aún hoy, de la extracción de carbón en la cuenca minera asturiana] y se montaban unas batallas campales al otro lado del río, debajo del puente… los mineros y los estudiantes contra la policía. Además, de los seis chalets de HUNOSA, solo tres eran de viviendas y los otros tres eran de oficinas. Y venían mogollón de personas a las manifestaciones, a gritar a las oficinas, contra los ingenieros, contra la empresa y tal… y una vez que empezaron a tirar piedras contra nuestra casa –que, ¡claro!, está pegada a las oficinas y era un chalet igual que el nuestro– sale mi madre, que estaba chiflada, en bata y con los rulos: «¡Que es una casa privada! ¡Que HUNOSA es la de al lado! ¡Que nos dejen en paz, por favor! ¡Que esto es privado!» [Risas]. Y los mineros todos: «¡Bueno, señora, perdone!». Entonces ya iban a tirar piedras al otro lado. YO: Y cuando pasó eso, ¿cuántos años tenías? APS: Bueno, eso fue variando, porque era según las huelgas. La primera que yo recuerdo sería con ocho o nueve años, y la última fue tarde, porque los chalets se vendieron para hacer otras empresas… la última sería con quince o dieciséis. YO: Y tus padres no tenían nada que ver con los manifestantes, claro. APS: No, no, no. Mis padres eran unos fachas. Todo eso del rollo minero, rollo derechos sociales… todo lo contrario. Son unos franquistas de arriba a abajo. ¡Y viviendo en La Felguera! Como que tengo un pequeño… hándicap, por haber nacido en esa familia. Luego ya en el instituto conocí gente que me caía bien. Aunque como era un colegio pijo, el Palacio de Granda, luego me escapé. Cuando había manifestaciones de la educación, yo ni me enteraba de lo que protestábamos porque estaba todo fumado y no sé ni de qué iban, y de aquella no había internet así que no te enterabas. Eso se sabía en el instituto de Sama, que era lo mejorcito de la Cuenca, allí estaba lo mejorcito, los más macarras, los más revolucionarios. Es mítico: el Jerónimo González. YO: Público, claro. APS: Sí, sí. Público. Allí se juntó todo lo mejor de esa edad de la Cuenca del Nalón. El instituto de Laviana era una mierda, el que molaba era el de Sama. Allí conocí yo gente de puta madre. Que, aunque yo iba a los Dominicos, tenía amigos en el instituto de Sama porque vivía cerca y entonces iba a las manifestaciones. Y yo, como odiaba a los putos curas de los cojones de los Dominicos, iba a manifestaciones por eso, y porque… ¡que no es de ahora, lo de la educación! ¡Que la llevan recortando veinte
    años! El PSOE y el PP, de toda la vida. Entonces nos juntábamos en su instituto, nos tomábamos primero unas cañitas, unos porrinos… «¡Venga! ¡Vamos a los Dominicos, que están todos en clase!». Toda la educación pública en huelga y los concertados y los privados seguían funcionando. Y yo pasaba de ir a clase, yo iba a la huelga. Y de repente, quinientos adolescentes fumados a gritar al colegio de los Dominicos «¡Fascistas!», cosas contra Dios y la religión… Yo me ponía en el bar de enfrente de la ventana a disfrutarlo, porque si me veía el director, que estaba todo el día allí apostado controlando a ver quién protestaba… y siempre me pillaba. Me tenía un odio, ese cura asqueroso… YO: Tú sí ibas a las manifestaciones, entonces. APS: Sí, claro. Con quince años ya. Era como una fiesta. Los adolescentes fumados con pancartas, con megáfonos, atacando al colegio de curas… Y yo veía al director, en la ventana, mirando… «¡Mira al hijo de puta ese, todo chulo!». Y de repente, va, me mira… y luego me echaban tres días del colegio. ALEJANDRO: Menudo contraste entonces… en la Cuenca, un colegio tan reaccionario y el otro… APS: Bueno, de aquella, lo que se dice conciencia política, no teníamos. Pero era el ambiente de rebeldía. Pero vamos, que éramos lo mismo los de los Dominicos que los del instituto: al final, acabábamos todos juntos el sábado en La Pomar, bebiendo sidra y Ribeiro como cerdos. Ribeiro, porros, y luego de copas… y llegábamos todos a casa a las cuatro de la mañana vomitando con catorce años. Que al final éramos todos iguales. YO: Daba igual público que privado, entonces. APS: La gente sí. Lo que era diferente eran los profesores, los colegios o los padres. Yo aún tengo muchos amigos de los Dominicos y del instituto. Eran iguales que yo. Yo porque pude escapar, igual ellos no pudieron… o no quisieron. YO: ¿Tú crees que has cambiado en ese aspecto? Es decir, ¿vas de la misma manera a las manifestaciones que antes? APS: Apenas voy… YO: No tienes una postura militante, ¿no? APS: Que va. YO: Es que, al buscar preguntas que hacerte, encontré un video en Youtube de título Retrato, en donde te hacen una entrevista y te preguntan: «Seguro que es sobre lo que siempre te interrogan pero, ¿por qué pintas ciudades vacías?» Y tú respondes: «Porque Europa está vacía».
    APS: Bueno… supongo eso lo diría fumado [Risas]. ¿Por qué la ciudad está vacía? Porque lo que quiero pintar es el edificio o la plaza. Ni los coches ni la gente. No quiero hacer ninguna escena, ni un día cotidiano. Solo arquitectura. No hay nada detrás, por lo menos conscientemente. Que tampoco es que sea yo Freud. ¿Queréis otra cerveza?

    [Se va y nos pide otra]

    APS: Bueno, aquí tenéis. Oye, ¿y tú qué me decías que estudiabas? [Se dirige a
    mí]
    YO: Un máster de literatura. Acabé Filología hispánica el año pasado en Salamanca. APS: Yo soy un adicto a la lectura, pero hispánica poca. Normalmente leo escritores alemanes, austriacos… YO: ¿Por ejemplo? APS: Thomas Bernhard, Thomas Mann, Kafka. También los rusos: Crimen y castigo es mi libro favorito, que lo encontré de casualidad con catorce o quince años. También El jugador, aunque yo jugar no jugaba. Lo empecé y me dejó impactado. Y a partir de ahí, toda la obra de Dostoievski. YO: ¿Y de ahora en España? APS: Vila-Matas me gusta mucho. También Baroja: Aquí París es una pasada. Oye, voy a fumar, ¿vale? Vuelvo en dos minutos.

    [Se va a fumar.]

    APS: ¿Sigue grabando eso? [Señala a mi móvil] Yo: Sí, sí, claro. APS: Iba a decir una burrada, entonces mejor igual no la digo… Bueno, puede que después. Si quieres hablar de la movida asturiana de finales de noventa y principios de dos mil… Había cierta rivalidad y nos manteníamos separados a la hora de hacer cosas, de influencias, de consumir drogas… estaba muy separado el mundo indie, que estaba centrado en Cimadevilla y la plaza, todo el rollo Manta Ray… y luego estábamos otro grupo (bueno, había muchos más grupos, yo hablo de lo que sé que había), que éramos los del Varsovia. Estábamos ahí entre semana hasta que salía el sol… bueno,
    pasándolo muy bien. [Risas] Y ya el fin de semana íbamos al Rocamar, y ahí sí, ahí ya nos juntábamos. De aquella, casi todos trabajábamos de camareros. Aunque compusiésemos, pintásemos… no vivíamos de ellos, éramos unos guajes. Y trabajábamos unas horas de camarero, no como ahora, que tienes que estar ocho horas ahí. «Pues venga, el fin de semana, cinco horas: viernes, sábado y domingo». Y cuando salías de trabajar, llamabas a un taxi y nos íbamos a la Fábrica o al Rocamar. Y así te pasabas la semana entera. Yo: Ya veo. APS: Ahora la gente se preocupa que ya ni salen: ya no queda ninguna discoteca. Tiraron el Oasis, tiraron el Rocamar –que era la mejor–… solo queda el Jardin y solo salen pijos. El mundo en el que vivimos ya no existe. Trabajábamos de camareros y el dinero que ganábamos, como vivíamos con nuestros padres, era para salir de fiesta. Trabajábamos tres días y estábamos el resto de la semana de fiesta. Yo: Me gustó eso que dijiste que no era todo indie. APS: El indie se puso de moda a finales del dos mil. Cuando empezó, tendría yo dieciocho años, que fue cuando llegué a Gijón y ya se hablaba del Xixon Sound. Que si estaba Manta Ray, Nosotrash… Pero a mí, la verdad, nunca me interesó. Yo estaba con la electrónica, la chunga, que empezaba de aquella. Yo: Estamos hablando de los noventa. APS: De los noventa, de los noventa. Fue cuando llegué a Gijón, a mí no me gustó ese rollo y me dio más por la electrónica, por el éxtasis, el estar diez horas con un ciego bailando y sudando, y si no aparecías en tres días no te decían nada. Alejandro: ¿Y la pintura? ¿Ya pintabas durante esa época? APS: Sí, sí, claro. Estuve poco tiempo en Gijón, de hecho, porque me fui a Londres a hacer camas en un hotel. Allí tuve un novio, e íbamos a museos, a galerías… Pero fue por poco tiempo. Luego me volví a Gijón. Y con veintitrés años me largué a Madrid, pero, de aquella, en Madrid, sin trabajar, pagabas en puto pleno centro por una habitación veinticinco mil pesetas. ¿Cuánto es eso ahora en euros? Pues yo trabajaba en la plaza de Chueca de camarero, dos días a la semana, y me daba para pagar la habitación en un piso compartido, con gente de la República Dominicana, México y Chile, que eran encantadores. Justo allí fue donde empecé a hacer los cartones. Trabajaba los fines de semana sirviendo a turistas en un bar, y me pasaba el resto de la semana en un bar que se llamaba El Mojito, en Lavapiés. Llegaba a casa sobre las cuatro, cinco de la mañana con unos colocones… y así empecé a pintar en tablas y
    cartones, porque yo quería pintar: saqué unas fotos a algunos edificios, las revelé y en una noche hice un cartón –estuve toda la noche sin dormir–, y al día siguiente lo llevé al Mojito, les encantó y se lo regalé a los del bar. El cuadro ya no existe porque un día una tía cayó encima de él y lo rompió, entonces, lo restauraron –lo pegaron con cello–, lo pusieron en otro lugar más discreto pero otro día otra chica lo vomitó encima. [Risas] Entonces lo tuvieron que tirar a la basura. De aquella, que empezaba a hacer los cartones, los vendía ya por veinticinco mil pesetas. Yo: ¿El cartón? APS: Sí, sí, que era lo que me costaba la habitación. Se vivía muy bien antiguamente… También trabajaba de camarero, pero solo dos días y no ocho horas. Era una vida mucho más cómoda y mucho más barata… Alejandro: ¿Y podías pintar? APS: Claro, claro. Tenía dinero toda la semana para subsistir. Con trabajar dos días a la semana, más la pintura, me daba para pagar el piso, las cervezas, comer y todo. Lógicamente, o cocinaba yo en casa, o comía el menú del día en un restaurante llamado El Automático, en la Calle de Argumosa, donde daban comida casera e iba todo el mundo: igual te vendían una merluza fresca, de mil maneras preparada, por cincuenta pesetas, y pedías antes una sopa o ensalada y te valía treinta pesetas. Y en el restaurante de al lado, era también barato, pero igual el menú te costaba ya mil pesetas. Y era comida casera, como la que hace mi madre. Iba también mucho a La Barraca, que está en Lavapiés –ahora creo que hay una casa okupa–: ibas, te tomabas un vino, que costaba ochenta pesetas, un albariño, y te ponían un plato enorme de jamón y queso, de pincho, gratis… no quiero ni pensar de donde saldría ese jamón, que estaba buenísimo, para regalarlo a esos precios… sería robado. Pues ahí cenaba, con tres o cuatro vinos, a jamón y queso. Yo: Menudo contraste con el Lavapiés de entonces al de ahora… APS: Claro, ahora Lavapiés es un barrio turístico y pijo. No quiero decir ningún grupo político, pero Lavapiés, de lo que fue a lo que es ahora, cambió mogollón. Yo: Decías en una entrevista que te hicieron y está colgada en Youtube, Retratos1, que cuando pintabas Madrid, los edificios emblemáticos, lo hacías pintándolos con el símbolo de la represión.

    1 Se puede ver aquí: https://www.youtube.com/watch?v=ZIZ6oirEI_s. Consultado el 24/5/2016.
    APS: Bueno… es que precisamente en Madrid las manifestaciones se hacen en plazas históricas, como son Neptuno, Sol, Cibeles… y son plazas que ya me gustaban antes de las manifestaciones por la arquitectura. Yo no pinto la gente, ni las tiendas de campaña ni nada. Las pinto porque son históricas. Bueno, pues un día que estoy colocado, pinto un poco de rojo en el suelo y ya dicen «¡Ay, la represión!». Es mentira. A mí lo que me gusta es pintar el Palace. Yo no tengo la culpa de que en la plaza del Congreso empalices a los manifestantes cuando lo rodean, pero a mí lo que me gusta es pintar el Palace. O sea, se da la casualidad de que en donde me gusta, ahí se reúnen… o nos reunimos, que yo también voy, para protestar. Yo: También me da la impresión, sobre todo, que pintas París muy nublado y con Gijón eres más benévolo. APS: Gijón también nublado. A Madrid sí le pongo más sol. Pero París es una ciudad totalmente gris, siempre está lloviendo… aunque haga una foto de cualquier edificio de París que me guste y tenga sol, a ese edificio le pega gris, le pega nublado. Porque París siempre está nublado. Yo: Pero a Gijón, sobre todo en cuadros que tienes en los que pintas la Cuesta’l Cholo, a veces le pones bastante luz. APS: Sí, es cierto. Pero bueno, creo que eran encargos y les hice exactamente lo que ellos querían. Eran encargos, sobre todo, para gente emigrante y, como vienen en verano, de lo que se acuerdan sobre todo es de esos sitios con sol. No lo ven como yo lo veo, durante todo el año, gris y sin gente. Que eso deprime a cualquiera. Porque Gijón es la ciudad más depresiva, yo creo, que de Europa entera. Debe ser incluso peor que Glasgow [Risas]. Alejandro: En mi caso, y quizás sea una percepción muy personal, cuando escribo me guío mucho por los cuadros. En tu caso, en tus cuadros, veo un Gijón triste, un Gijón gris. Yo: En mi caso, Gijón nostálgico. APS: ¡Pero es que Asturias es gris, no verde! ¡Asturias es verde dos meses! Los otros diez, ¡gris de cojones! [Más risas] Alejandro: Es que esa luz, bueno, creo que es tu interpretación de esa luz. Lo que decía Pablo de que es otra luz diferente a la de París o a la de Madrid. APS: Sí, eso por supuesto. Yo nunca pinto cuadros de ninguna ciudad en la que no haya estado, y siempre a partir de fotos que yo mismo hago. Luego ya le pongo lo que yo quiero, lo que me transmita el ambiente, pero de las fotos que yo hago. A mí me
    llega ahora un tío y me dice «píntame un cuadro de Valencia» y si nunca estuve allí no se lo voy a hacer. Incluso aunque me haga él la foto. No conozco Valencia, pues no pinto Valencia. Que será bonito, no digo nada, pero prefiero viajar por Europa y no por España, que al final es la misma gente, la misma comida y todo. Yo: También vi que Gijón era o de día, o algo nublado o de noche. APS: Es que Gijón es la vida nocturna, las drogas, el bar, el andar por la noche y no ver una puta alma por la calle. En París no hay demasiada movida –hay turismo y tal– porque también me muevo por bares que son grises y son fríos. Incluso hay varios cuadros tanto de París como de Bruselas en los que todo es gris menos los edificios, que hay mucho rojo. Yo: En el mismo video, también comentabas que hubieses querido ser arquitecto. APS: El porqué no soy arquitecto pregúntaselo a los Dominicos de La Felguera, que ya el tercer día me dijeron «Tú no vas a la universidad». Entonces yo no estudiaba, para qué, si me iban a suspender igual… pues que les den por el culo. En clase, nos mandaban hacer un trabajo. Aunque lo hagas mejor o peor, que tampoco son concursos, ellos tenían a sus favoritos, porque fuesen más dóciles o por sus familias, y a esos los iban preparando para la universidad, lo que tenían que aprender. Y lo decían, los grandísimos hijos de puta de los Dominicos, delante de toda la clase… es que ni me miraban. «Tú, que eres maricón, que eres drogadicto, que bebes, te vas a cagar en tu puta madre, y vas a estar en la mina o, si eres mujer, limpiando escaleras. Eso sí, si me chupas el culo, acabas de abogada». Queréis otra cerveza, entonces, ¿no?

    [Se va, y pide otra cerveza más]

    APS: Ahora nos la traen. Yo: Vale, muchas gracias. Quería también preguntarte sobre ese particular interés tuyo en los edificios. APS: Matemáticas y física, ni idea, soy un negado. Sé dibujarlos. Alejandro: ¿Y la forma de los edificios? Es quizás lo más característico de tu pintura, los edificios blandos. APS: Sí, tampoco lo busco. Yo como salga, si sale torcida pues la dejo. No es pensado, tampoco. O sea, que tampoco es nada a propósito.
    Yo: Quizás a ambos nos recuerda, esa forma tan peculiar, a, por ejemplo, la arquitectura tan peculiar de Frank Gehry o Zaha Hadid. APS: El Guggenheim o esa arquitectura que se lleva ahora, o a finales de los dos mil, todos con unas formas retorcidas, tanto los edificios de Frank Gehry o Calatrava, que es una mierda, o Jean Nouvel, otra porquería. Pocos me gustan: el mejor, quizás, Norman Foster, Herzog & de Meuron… Pero es que yo no pinto esos edificios, yo pinto de edificios de antes de siglo XX, que no es ni modernista. Y no los pinto torcidos, me salen torcidos; no es pensado. Y luego, ya que se me fue la mano, lo exagero. Ahora en España se están haciendo museos por todas partes, que no sabemos de dónde sale el dinero ni quién lo lleva. La gestión de la publicidad con la complicidad de los artistas para hacerse publicidad mutuamente: tú expones, pero me promocionas; tú me inflas los precios, yo te lo dejo más barato en el mercado. Y así se hacen los museos de arte contemporáneo, entre los políticos y los artistas vendidos. Y luego estos artistas o pseudoartistas crecen porque están expuestos en tal museo que tiene tal nombre –aunque luego a ese museo no vaya nadie– y así crean curriculum y bueno, la mafia. Entre amigos queda en el negocio. Yo: Y en los museos, para exponer, ¿tienes que pagar? APS: No, no. Todo lo contrario: te publicitan, te hacen catálogos, prensa, radio, pero esa publicidad que te hace el museo hay que devolverla, porque no lo hace gratuitamente. Un museo del arte contemporáneo, que lo pagamos todos, es como una galería de arte. Tienes que pagar para que te expongan en ese museo del arte contemporáneo. Yo: Supongo que te refieres a nombres como Antonio López o pintores, digamos, más mediáticos. APS: No, no. Todos esos en que piensas están ya retirados. Esos ya robaron lo que pudieron y se retiraron. El problema es que hay muchísima gente joven que intenta hacer lo mismo. Yo tengo treinta y nueve años y te hablo de gente que con veintitres años ya está robando en museos. Con internet, ven videos de Youtube, conferencias sobre cómo introducirte en el mundo de arte moderno. ¡Videos de autoayuda para trepas! ¡Yo es que alucino! La gente, con esos años, sale de la Escuela de Arte de Oviedo, que yo creo que es la peor escuela de arte de España en la que todos los directores fueron elegidos a dedo y sin tener ni idea de arte, que promocionaban a sus favoritos y, ¡fíjate!, de esa gente ya no se sabe nada, ya pasaron de moda. Eso pasa por poner a políticos a dirigir una escuela de arte. Y no solo tiene la culpa el concejal de
    Cultura: también el artista que se vende a esa mierda. Va a robar, a trepar y a pisar a los demás, como todos. Esa es la cultura. Yo a eso me niego: nunca lo hice y nunca lo voy a hacer. La gente joven como vosotros van a saco. Yo no pinto para triunfar, yo pinto para ganar un dinero, y cuando cuelgo fotos en internet no lo hago para que la gente me diga «¡Ay, qué bonito, qué precioso lo que me transmite!». Lo pongo para que lo vean y venderlo, no para lucir qué buen artista puedo ser. ¡Para sacar dinero! Yo: Hombre, algo te gustará que te digan que lo haces bien. APS: Sí, claro, se agradece. Pero el fin es vender. Qué más da un cuadro que un cenicero artesanal, si al final lo que te interesa es venderlo. «¡Ay, qué bonito es el cenicero!». Muy bien, ¿lo vas a comprar? Alejandro: Claro, al final la gente quizás no se da cuenta de que los artistas también tienen que vivir: actores, músicos, pintores… APS: Bueno, los músicos mejor que el pintor, ¿eh? Yo vendo un cuadro y se acabó el cuadro, pero un músico que su canción se hace en dos días… le da dinero dos años, sino toda la vida si le sale bien. Sí es verdad que hay muchos pintores que venden láminas o postales, pero a mí me parece muy narcisista: si yo vendo un cuadro, no vendo una fotocopia, sino el original. ¡Pero si es más barato mi original que tu lámina, cabrón! ¡Cómo te atreves! ¡Si tienes veinticuatro años! Lógicamente, no necesitan ese dinero para vivir. De lo que no se dan cuenta es que esto es un negocio, y que no estamos para ver quién es más guay ni nada, que lo que se trata es de vender. Si gustas, genial, porque vendes más. Pero tú haces lo que quieres, no lo haces expresamente para vender o gustar, sino que vendes porque gusta. Lo mismo un músico. Presta que les gustes, de hecho, es publicidad pero de otra manera. Yo: ¿Qué tal se vende ahora? APS: Ahora mismo no se vende nada. Hace siete años yo vendía todo, hacía los cartones que eran más caros y estaba forrado. Ahora no vendo nada, estoy en la puta ruina, y es que me da igual. Es que no le voy a comer el culo a nadie. Y aunque eso me dé más dinero, no lo voy a hacer porque no me sale de los cojones. Haré lo que me dé la gana aunque me muera de hombre. No me vendo. Yo: Adolfo, muchísimas gracias por tu tiempo. APS: A vosotros, a vosotros, por venir y aguantarme.

    Gijón, 2016.

    Águila de San Juan, 2016

    Águila de San Juan, 2016. Fundación Nacional Francisco Franco:  Nos parece ofensivo que, con ese monigote, denigre no solo un símbolo del Catolicismo, como es el Águila de San Juan, sino que haga uso de apelativos como "maricones", ofendiendo así a las personas homosexuales, que ustedes tanto dicen defender y que durante el Gobierno de Francisco Franco, ustedes dicen que se perseguía (cosa, por otra parte, totalmente falsa) Estos comportamientos, denotan y hacen gala de su falta de solidaridad, de tolerancia y, al fin y al cabo, de su totalitarismo digno de comunistas y marxistas, que solo aceptan a quienes piensan como ustedes, y persiguen a quienes no comparten su parecer. Un saludo y que todo le vaya bien.- 8 de marzo de 2016.

    Águila de San Juan, 2016.

    Fundación Nacional Francisco Franco:

    «Nos parece ofensivo que, con ese monigote, denigre no solo un símbolo del Catolicismo, como es el Águila de San Juan, sino que haga uso de apelativos como «maricones», ofendiendo así a las personas homosexuales, que ustedes tanto dicen defender y que durante el Gobierno de Francisco Franco, ustedes dicen que se perseguía (cosa, por otra parte, totalmente falsa) Estos comportamientos, denotan y hacen gala de su falta de solidaridad, de tolerancia y, al fin y al cabo, de su totalitarismo digno de comunistas y marxistas, que solo aceptan a quienes piensan como ustedes, y persiguen a quienes no comparten su parecer. Un saludo y que todo le vaya bien.»

    8 de marzo de 2016.

    Αλφα και το Ωμέγα

    Preparándome para un largo día, no sé cuantos meses llevo flotando, lo apunto aquí para no olvidarme, me despierto y no me acuerdo de nada. Hoy toca un triplete o doblete, ni idea. O dormí por el día. A flotar un poco más, al borde la locura, sujetándome con lecturas y pintando casines. Hoy tengo que hacer otro.

    Preparándome para un largo día, no sé cuantos meses llevo flotando, lo apunto aquí para no olvidarme, me despierto y no me acuerdo de nada. Hoy toca un triplete o doblete, ni idea. O dormí por el día. A flotar un poco más, al borde la locura, sujetándome con lecturas y pintando casines. Hoy tengo que hacer otro. Confundo el principio con el final.