CARNE DE CONGELADOR. El funcionario.

Descripción

 

CARNE DE CONGELADOR (El funcionario)

Preámbulo.

No quería que tuviera amigos en la ciudad, hablaba mal de mí a todo el mundo y no me dejaba salir de casa, así me controlaba mejor, nada de quedarse sin la cena hecha. Era una interna y gratis, limpiaba, hacía la compra, la comida, la cena, fregaba los cacharros, ponía, colgaba y descolgaba lavadoras, con el detergente que me apuntaba en una nota, todo me lo apuntaba, me dejaba notas por toda la casa, yo compraba  lo que él me decía que encima pagaba yo, a veces me intentaba dar 20 o 50 euros, “toma, no lo pagues tú todo”. Le despreciaba el dinero pensando, cabrón, si me acabo de gastar 150 euros, mételos por el culo. Cargando con las bolsas por media ciudad, cuando él podía ir en coche a uno mejor y más barato a las afueras, pero el coche era sólo para ir de casa al trabajo, de lunes a viernes, de 8:30 a 18:00. Se levantaba en ropa interior y camiseta de tirantes blanca, igual se creía sexy, yo lo veía cómo un anciano patético, mostrando sus miserias, andar así por casa. Me solía levantar un cuarto de hora antes que él y le preparaba el desayuno, de su lista de la compra, un pomelo, cereales con yogurt de tal marca 0% grasa, té earl grey Twinings, para ganar tanto dinero podía comprar un té menos vulgar, una tostada de mantequilla y mermelada de naranja amarga que estoy seguro que no le gustaba ni a él. Se lo colocaba todo en varios platos, en la mesa de láminas de madera de Ikea, sobre unos extraños bajoplatos de tela cómo de trapo, los estaba todo el día metiendo en la lavadora y siempre estaban sucios. Se iba a meditar media hora a la habitación en la que aprovechaba para tomar cafés y fumar en la cocina, luego salía ya vestido, con americana pero sin corbata, él decía que era más informal, con sus camisas enormes, se compraba camisas 6 tallas más grandes que la suya, estaba acomplejado por ser excesivamente delgado, y me preguntaba ¿La camisa te gusta? ¿Qué zapatos me pongo? Hasta la tarde y no bebas, igual voy al gimnasio una hora, no te importa ¿verdad? Llegaré sobre las 7. Vale ¿y si no tienen esta pasta cuál compro? Barilla, es la más rica. Nos dábamos dos besos algo forzados. Me decía siempre a la hora que iba a llegar a casa, no por avisarme, sino para que estuviera siempre allí. Nada más que se iba me tiraba en el sofá del salón a tomar más cafés y fumar, abría las puertas de las terrazas para que ventilase bien. Miraba canales de música francesa, noticias de todo el mundo, tenía miles de canales, él sólo veía TVE Internacional. Recogía la cocina, pensando siempre «es que no puede ni meter la taza del desayuno en el fregaplatos». Fregaba lo de la cena y me iba a la ducha. Un baño horrible, con humedades, la bañera oxidada, la lavadora en medio, sin apenas luz y una ducha enana con una cortina también de Ikea, blanca y verde imitando juncos. Un toallero de metal de ferretería y un cesto para la ropa sucia, el típico de mimbre, la dejábamos allí todos los días por las mañanas, cuando se llenaba yo era el encargado de poner la lavadora con el detergente que le gustaba. Todos sus calcetines eran iguales y parecía que se ponía dos pares al día, tardaba al menos media hora en hacer bolas con todos sus calcetines azul marino brillantes, de funcionario o maestro de escuela, para llevárselos a la habitación hacía varios viajes. Me duchaba con mi gel, él tenía los suyos de aguas termales carísimos que compraba en la tienda del balneario o piscina de Baden-Baden, yo usaba Le Petit Marsellais de almond douce, almendra dulce, me encantaba el olor, a licor, y un champú de la misma marca. Me duchaba intentando no tirar mucha agua fuera, la cortina de Ikea era muy incómoda. Tenía la maleta abierta y toda la ropa tirada por el suelo, decía que era un desordenado y un vago. Si al menos me hubiera hecho un pequeño sitio en uno de los 10 armarios de la casa. Tenía armarios para todo, los abrigos, las camisas, los jerseys, los trajes, la ropa de deporte y bañadores, las camisetas, los zapatos. La ropa interior la guardaba en su habitación, en los cajones de la mesita. Eran calzones blancos de Calvin Klein, muy gastados, no usaba suavizante y parecían calzones de posguerra. También le quedaban grandes, todo le quedaba grande. Y unos zapatos espantosos, parecían del Rastro de Madrid, de 500 pesetas el par, todos cómo de muerto. Yo estaba listo tras la ducha, a veces me bañaba relajadamente en la oxidada bañera, y a la calle, lo primero la compra, era ya tarde y tenía que hacer la comida o me iba a comer un plato del día por ahí si tenía dinero. Iba al supermercado Simply de la Place Kléber y a por otras cosas iba al Monoprix que está al lado. Cuando ya tenía toda la lista en bolsas, me iba a tomar unas cervezas alsacianas en una terraza. Iba al Schluch, a mitad de camino, pedía una cerveza  blanca, era principios de septiembre, con ese calor no me apetecía rubia, y luego otra. Llegaba contento a casa y con litronas que había comprado en el Simply, abría una, con el cigarro en la mano, mientras sacaba todo de las bolsas y lo ordenaba cuidadosamente en la nevera para que lo pudiese chequear bien. Hacía la comida, algo simple y a la terraza, lo mejor y más abandonado de la casa, el suelo agrietado, una silla rota y una tumbona de plàstico. Una mesa de metal plegable con cristal opaco. Dos maceteros de plástico con tierra pero sin plantas, eran enormes, con malas hierbas. Me ponía en gallumbos en dirección al sol y me bebía unas cervezas más. La siesta, mi cama eran 2 sofás uno pegado al otro, dormía en el cuarto le los trastos, algo de morbo le debía dar, ya que cuando tenía citas sexuales yo me iba para dejarlo solo y aprovechaba para salir ya que a partir de que llegaba a casa me prohibía salir, follaba en mi cama y no tenía ni la delicadeza de cambiar la sábanas. Despertaba sobre las 5 o las 5:30, se me había pasado la alegría. Retiraba los ceniceros de la casa y ventilaba bien, nunca me pilló. Era totalmente antitabaco, un fanático, se ponía histérico si entraba un poco de humo mientras fumaba en la terraza, pero luego me pedía un cigarro, no tragaba el humo, sólo para ver que se sentía. Lo hacía a menudo, cogerme cigarrillos. Luego se compró unos mentolados para fumar en el trabajo, decía que los mentolados eran los mejores para el asma, así aprovechaba y estiraba las piernas. Salía y se unía al grupo de fumadores, no tenían prisa ¿Un café? ¡Venga! Nunca lo vi trabajar en casa,  jamás, no sabía ni de ordenadores, se lo tenía que explicar todo, prácticamente apenas conocía el Word ¿Qué hacen en ese organismo aparte de mirar pisos y calcular hipotecas, fumar y tomar cafés? Y estatus diplomático encima que ni escribía correctamente en francés. Ganaba un dineral, daba para 20 sueldos en España, lo normal en Estrasburgo es hacer ostentación, la ciudad está podre de dinero, llena de tiendas de lujo y coches caros. Llegó y me contó algo horrible, me entraba la risa nerviosa, él estaba emocionado, en las duchas había visto a un señor con muy buen cuerpo, según él, y se lo dijo, en las duchas, solos, encima le tocó el brazo mientras se frotaba los genitales. Por lo que interpreté, el otro quedó acojonado, no supo reaccionar para darle una hostia o llamar a seguridad, quedó paralizado. Y me preguntaba, “ya que no le molestó, seguramente era tomate -llamaba tomates a los gays- ¿Cómo le podría volver a entrar más directamente si me lo vuelvo a encontrar?” Le intenté explicar, con bromas porque sino se enfadaba y no hablaba en varios días, que seguro que lo asustó, que no sea colegial y no meta mano en las duchas. Le entraba una risilla histérica con ruidos extraños, parecido a una rata chillando. Por supuesto no me hizo caso y él ya se imaginaba una cena romántica en algún restaurante carísimo de la ciudad, que no iba nunca, tras una dura jornada de pilates y unos jueguecitos en las duchas. No lo volvió a ver, debió de quedar tan traumatizado que no apareció más por el gimnasio. Bueno, esos días estaba excitado, solía venir una hora más tarde, a veces iba a ver a su chapero, que vivía al lado, una vez le pidió formalizar su relación, llevaba viéndole unos 10 años y creía que había llegado el momento de pasar a algo más serio, aunque su puto tuviera novio, no entendía que era uno más, que sólo le interesaban sus 50 euros. A veces no dormía la siesta, me tomaba un Trakimazin de 2 mg. y me ponía a pintar en la mesa del salón-comedor, mientras bebía cerveza, pocas veces me pilló borracho, pero nunca fumando. Casi siempre que iba hacía un cuadro o varios y los vendía bastante bien. Sus amigos eran sus amigos, no míos, no tenía nada que ver con ellos ni ellos conmigo en su mundo de altos funcionarios especuladores de pisos y viajes de ensueño, ni tenía la soltura con el inglés o francés para relacionarme con ellos, prácticamente me ignoraban, en general se relacionan con los de su país, hacían el grupo para todo, fines de semana incluidos, no se integran en la ciudad, apenas tienen amigos franceses, la gente de la ciudad no los soportan, dicen que son arrogantes, soberbios y deshonestos. Viven en su mundo de lujos y entretenimiento, había muchísima oferta cultural en la ciudad, aunque él no iba nunca a nada, de la cama al trabajo luego al sofá y del sofá a la cama, sólo salía de las rutina los viernes, que iba al balneario de Baden-Baden, a relajarse, decía, dos horas de coche, cómo si en Estrasburgo no hubiera piscinas, yo no lo soportaba, una piscina llena de viejos alemanes, además ni un paseo por la ciudad, una hora en coche, al parking, la piscina, al parking y otra hora de vuelta, me resultaba una tortura. El sábado y el domingo eran para descansar en el sofá para estar en forma y el lunes ir con energía al trabajo, que repito, no hacen nada. Al principio tenía muchos amigos españoles, entre ellos muchos gays, o tomates, cómo él decía, a ese organismo van a parar los homosexuales con más dinero de cada país. Se enfadaron y no le volvieron a hablar, pasó una época en la que todo le parecía mal, siempre estaba susceptible, no soportaba que le llevasen la contraria, entraba en histeria y les gritaba a todos, le expulsaron del grupo de los españoles, pero encontró una pequeña pandilla de ex yugoslavas con las que salía alguna vez y tomaban algo sin alcohol, a veces las convencía para tomarse un spritz, les explicaba con detalle cómo se hacía, creía que nunca habían tomado uno. Sus fiestas eran por sus cumpleaños, partidos de fútbol de la selección y por supuesto Eurovisiòn, era cómo Nochevieja, a ver quien hacía la mejor fiesta, sofás, sillas y bufé inglés, se bebe poco. A veces alguien llevaba a un becario joven y sacaba un porro, se lanzaban cómo hienas, parecía que nunca habían visto uno ¡Oh, prohibido! Hasta mi tío, el antitabaco, le daba largas caladas, llevaba 20 años en la ciudad y no sabía ni comprar hierva y el becario en un par de semanas ya estaba fumando, todos le encargaban, 20 euros, 50, el chico terminaba agobiado. Al finalizar, despejaban el terreno, ponían grandes éxitos españoles de los 80 y bailaban (pero no bebían) parecían fiestas de pijamas de Armani y Laura Ashley. A veces íbamos a comer a casa de algún compañero de trabajo y después del café de la Nespresso, todos tenían esa cafetera y te daban a elegir el sabor, se terminaba todo, no ponían chupitos, veían alguna película, a veces de dibujos animados o algún documental de animales. Yo, aburrido, les preguntaba si tenía “digestives” y solían sacar alguna botella, él se ponía histérico, que ya estaba bebiendo, que para eso había ido, no puedo estar un día sin beber, ahora mismo volvemos a casa. Y gritando, delante de sus amigos que no sabían que decir, me miraban cómo si fuese un enfermo. Yo hacía cómo que no lo oía y me entraba la risa por dentro.

El gran problema de los eurofuncionarios es que se creen que son diplomáticos y son todos subnormales, parecen adolescentes con dinero, nunca llegan a madurar del todo, nunca tuvieron vida, no saben cómo funciona el mundo ni apenas saben cómo es, sólo se relacionan entre ellos, no les llega información del otro lado, toda su vida vivieron en una burbuja y de la oposición otra vez a la burbuja para toda su vida, tienen tanto dinero y no saben disfrutarlo, eso es pecado, se creen que todos ganamos su fortuna, no se enteran de nada, están fuera de la realidad. Esa gente manda en Europa, son los altos cargos, gente medio retrasada de familia de mucho dinero, por lo cual consiguen sacar la oposición, de las más caras, del examen pasan a cobrar 20.000 euros brutos al mes, con 25 o 26 años. Son las grandes familias, sus hijos son educados cómo príncipes desde pequeños, los mejores colegios, son caprichosos, histéricos, mal tomados, envidiosos, que se convierten en mala gente, con privilegios y poco trabajo, ociosos y egoístas. No tienen que hacer nada, tienen técnicos que les hacen el poco trabajo, para justificar el puesto, no saben ni cómo funciona Windows, los técnicos son un rango inferior ya que no hicieron oposición y cobran una mierda, los pueden echar cuando quieran. Todos esos organismos europeos son unos nidos de víboras, se destripan, se putean, se joden, a ver quien llega más alto, una competición a juego sucio, ya que no los pueden echar, vale todo. Ellos mismos lo reconocen: “Es un ambiente irrespirable pero la verdad es un chollo, no hacemos nada y nos pagan un dineral”. En una empresa privada no duraban ni dos horas, ni de teleoperadores, les quitas el dinero y quedan en nada, son lastimosos. Lo ven cómo lo normal, están acostumbrados a ese mundo artificial y enfermizo. Cómo no se va a estar hundiendo la UE, encima comparten espacio físico con el Parlamento, que son organismos totalmente diferentes, el Consejo abarca hasta Rusia y Turquía, y se relacionan entre ellos, van a comer, cenar, con los diputados. Los funcionarios ganan más que los eurodiputados y cargo vitalicio, pero los diputados tienen a todo el lobby mundial haciéndoles regalos. Se podría decir que el Consejo de Europa, que tiene serios problemas con Rusia, por ejemplo, hacen de espías para la UE, ellos pasan la información y las grandes multinacionales imponen sus sanciones cuando no les favorece alguna ley dictada a los organismos correspondientes. El Parlamento Europeo está controlado por los grandes lobbies multinacionales, ellos mandan y los políticos obedecen a cambio de suculentos regalos, así cómo los funcionarios dictan leyes según el criterio de los diputados con los que mantienen amistad, se venden por una falsa imagen y mantener un estatus, no tienen vergüenza. Cuando hay sesión del Parlamento en Estrasburgo la ciudad se llena de banderas de la UE y las tiendas, restaurantes y hoteles de lujo se frotan las manos, aparte del desplazamiento de 15.000 personas desde Bruselas con todos sus documentos, cajas y cajas por cada diputado y el alquiler sin control de chófers , más todas las dietas. No nos engañemos, esa gente que pide austeridad y recortes viven inmersas el más absoluto lujo, la prostitución es alarmante en comparación a otras ciudades europeas. Que nos dejen elegir los equipos que dictan las leyes, que no sean cargos vitalicios, un poco de responsabilidad, están creando otra alta clase social mucho peor, una panda de imbéciles, se creen que en la calle tienen los mismos privilegios. En realidad son unos cobardes, no se atreven a salir de su zona de confort, ya sea en Estrasburgo, Suiza, San Francisco o las Seychelles.

 

LOS VIAJES. Nepal y La Habana.

Llegamos, sin hotel, a las 2 de la mañana. Cogimos un taxi, vamos, si se podía llamar coche, le dijo el hotel, un albergue muy conocido años antes por ser el primero que abrió para los hippies de los 70. Yo estaba asustado, el coche iba rapidísimo, la ciudad, Kathmandú, sin luz en la calles y sin asfaltar, pensaba que nos iban a tirar por ahí y robárnoslo todo. No llevan a otro hotel, uno de lujo, se llevarían comisión. Tras discutir con ellos nos llevan por fin al albergue. La primera noche la pasamos en un cuarto miserable de aquella época, de los 70, todo sucio y un baño de vomitar, sin absolutamente ninguna comodidad, lo único que daba directamente al jardín del hotel que era realmente precioso. En la entrada tenían el único cajero automático de toda la ciudad. El primer día fuimos a un templo hindú, Pashupatinath, con el chico que habíamos contactado, llevaba viviendo en Nepal 4 años y nos ayudó en todo. Quedé deslumbrado ante tal espectáculo, miles del templetes hindús llenos de esculturas, inmenso, vacas tranquilamente caminando entre ellos, monos saltando por todas partes, olor a carne quemada, hacía una temperatura perfecta, un sol radiante refrescado por las ramas de los árboles, jamás había visto nada semejante y así se lo dije a Luis, nuestro contacto. Estaba casi en una especie de éxtasis, sacando fotos a todo. Volvemos al albergue y mi tío me dice: “Que sea la última vez que muestras tanto entusiasmo, me parece muy egoista por tu parte”. Bueno, a partir de entonces no abrí la boca más de lo que me parecían los lugares que visitábamos y ocultaba mi fascinación. Fue una semana o 10 días la estancia, visitamos muchos templos, cenábamos donde nos llevaba Luis, callejeábamos. Un día, en un restaurante, en Thamel, la zona donde se encontraba el albergue, sentados en el suelo con una deliciosa cena, mi tío empieza a tocar la pierna de Luis, siempre fue muy sobón, que con el tiempo fue a más. “¡Qué buenas piernas tienes!”. “Sí, claro, ando en bicicleta todo el día”. No quedó ahí la cosa, al marchar, pagando una miseria por tal banquete, mi tío de nuevo le coge por los hombros y le dice: Estás muy tenso, necesitarías un masaje, mientras le frotaba. Yo no daba crédito, aparte de que Luis tenía novia. Nos fuimos al albergue, mi tío ya el segundo día se había cambiado a una habitación de alto standing del hotel, con baño de mármol, bañera, aire acondicionado, una cama enorme, mosquiteras, ventana al jardín y servicio de habitaciones. Yo me quedé en la primera, con el water en la ducha. Todas las mañanas iba a desayunar a otro patio del albergue, donde estaba el restaurante, mientras esperaba a que mi tío terminase de meditar, o no sé que, no era budista, no pertenecía a ninguna religión, aparentemente. Otro día fuimos a Nagarkot, a pocos kilómetros de Kathmandú, pero a hora y media debido al tráfico y las terribles carreteras, por recomendación de Luis. Cogimos una habitación para cada uno, mi tío era incapaz de dormir con otra persona, se ponía un antifaz y tapones en los oídos, y aun así dormía mal. Era un resort pequeño pero agradable, tenía sala con vistas al Himalaya para meditar, todas la mañanas lo veía ahí en una posición muy extraña. Decían que lo mejor era el amanecer, al salir el sol por la cordillera y poco a poco iluminando todas las cumbres. Nos despertaron a las 6 para verlo, éramos los únicos huéspedes, yo primeramente fui al baño, salí y quedé maravillado, todo el Himalaya de un color rojizo. Mi tío me dice, el sol ya salió ¿Qué estabas haciendo? En el baño ¿Qué me perdí? ¡Todo, no viste cómo salía el sol! Y no me volvió a hablar en 2 días. Nos daban a elegir lo que queríamos comer y cenar todos los días, por las noche íbamos con el encargado del hotel un rato al salón a charlar después de cenar. Un día le pregunto si no tienen algún licor especial o típico. Me saca una botella entera y me la pone enfrente, mi tío, que no me hablaba, me fulminaba con la mirada. Me bebí media botella. Mi tío le compró la manta de su habitación porque le parecieron preciosos los colores. Volvimos a la ciudad e hicimos algunas compras, poco hay, ropa hippie, de alpinismo y antigüedades en mercadillos por cuatro duros impresionantes, me compré un trozo de madera tallada con flores, seguramente de una ventana del derribo de alguna casa. Él se compró ropa ecológica, para ponerse en Estrasburgo, me decía que le parecía ridículo esa gente que visitaba sitios y se disfrazaba. Al día siguiente lo llevaba todo puesto encima.
El siguiente viaje, a La Habana, poco tiempo después, mi amigo también había estado, nos reíamos: Oye, cuando quiera ir a algún sitio, enseñale fotos a mi tío. Tenía un amigo en La Habana que había estado viviendo en España y nos vamos al apartamento que nos había buscado, perfecto, 2 habitaciones, aire acondicionado, cocina-salón y una terraza llena de plantas tropicales con vistas al Malecón. Todo por 50 pesos convertibles al día. Mi amigo se quedó con nosotros, dormíamos en la misma cama. El primer día, la dueña del apartamento, una chica encantadora, nos preguntó si éramos gays, que nos podía presentar gente y así lo hizo. Llamó a unos amigos y quedamos con ellos en La Rampa, lugar de encuentro en la Habana. Bebimos algo y fuimos a una fiesta ilegal a las afueras, 6 maricones y un hetero, mi amigo cubano, todos en un Cadillac destartalado, hablando a voces uno encima de otro. Increíble, un pequeño prado con árboles, un radio-cassette sonando Madonna y una pequeña barra. Yo hablaba con todos e iba sacando botellas para compartir, se acabó el ron, sólo tienen ginebra o whisky, no les queda hielo. Ya me había fijado en Danilo, un cubano espectacular, de piel muy blanca, alto, con unos rasgos perfectos, y parecía el más inteligente de todos. Estábamos hablando y de repente me da un beso que todavía recuerdo, que labios tenía. Se acabó la fiesta y la bebida, vamos a coger otro taxi para volver. Danilo, que de tonto no tenía un pelo, agarra un negro y lo mete en el taxi con nosotros. Fuimos al apartamento, teníamos ron, e hicimos una pequeña fiesta, mi tío, al ver que Danilo y yo ya estábamos en ello, nos dice: Bueno, me voy a la cama, si alguien quiere venir…. Y el negro lo siguió. Danilo y yo fuimos a mi habitación y mi amigo se quedó en el sofá. De repente entra el negro a pedirme 20 pesos para coger un taxi, se los doy, y al vernos a Danilo y a mí, se nos une. Danilo no me pidió nada, se marcharon tranquilamente y me dice: Mañana hay fiesta en el hotel Capri, pasaros. Al día siguiente fuimos a comer a casa de una amiga de mi primo de Estrasburgo, tenía un cargo importante en el Consulado español, una casa de cuento, una urbanización de lujo a poquísimos kilómetros de La Habana, con seguridad extrema para entrar y playa privada. Igual mi tío había ido por trabajo y por eso no le vi prácticamente el pelo. Tenía una habitación libre y mi tío se quedó allí, sólo le interesaba tomar el sol. Mi amigo y yo, por supuesto, esa noche fuimos a la fiesta del hotel Capri, un antiguo teatro, todo dorado con damasquinados rojos, enorme, reconvertido en discoteca, todas las chicas nos preguntaban si les invitábamos a una copa. Al final vimos a Danilo, me dijo que para eso, a él le funcionaba muy bien, era decir directamente soy gay, lo siento. Lo pasamos en grande. Y así toda la semana, en el hotel Inglaterra, el hotel Sevilla, todas las terrazas que encontrábamos, antros escondidos de la Habana Vieja, mi tío venía por las mañanas mientras trabajaba su amiga, dábamos un paseo y a las 3 ya se iba de nuevo a la casita de la playa, y mi amigo y yo hacíamos todo lo que nos venía en gana, mojitos uno detrás de otro, callejeando toda noche por toda La Habana, realmente lo pasamos genial, mientras mi tío, con el culo dolorido por el negro, apenas se podía sentar, tomaba el sol en una hamaca.
Ese fue el segundo y último viaje al que me invitó, hace más de 15 años, desde entonces va de vacaciones con parejas de amigos de carabina, se invita él mismo. Recuerdo que con mi última pareja, precisamente en Estrasburgo, llevábamos ya meses viviendo juntos, llorábamos de la risa pensando que mi tío se uniese a nosotros para venir de viaje.

 

 

 

Fecha

17 enero 2019